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Estudié arquitectura

en la Universidad de Buenos Aires, universidad a la cual le agradezco el entrenamiento de la autonomía y la multiplicidad de visiones. Venía de un bagaje bien material y técnico; me gustaba que los proyectos fueran funcionales y se pudieran materializar.

Mientras avanzaba en los estudios, se abría más en mí la búsqueda humanista. Sentía que era vital investigar cómo comenzaban los procesos humanos en relación al espacio: conocer acerca de las fundaciones de poblados, las inmigraciones, los pueblos anteriores a las colonias y su forma de habitar. Profundizar en la esencia del origen.

Elegí la rama en Historia y Crítica, donde la arquitectura doméstica y el habitar se profundizaron. A su vez, volvía a aparecer la arquitectura de paredes anchas de ladrillo que abrazan a la vida adentro. En el año 2004, entregué para la materia “Espacios de Poder y Espacios de Saber” una monografía final llamada: Una relación entre el habitar y los espacios con identidad, valor de intimidad e historia.

Desde ahí, el habitar tiene un lugar central en la arquitectura que me convoca: la del hogar y los materiales naturales. Habitar en armonía con el entorno.

Me recibí de Arquitecta en el 2005, cuando me recibí sentía una gran responsabilidad y también había algo ausente, una búsqueda pendiente…