Estudié Maestro Mayor de Obras, disfruté muchísimo aprender a dibujar: el tablero, las tintas, los colores. Comencé a comprender la arquitectura a través del dibujo, las trabas de los ladrillos y las paredes anchas que hacían antes; eso me maravillaba.
Y el taller: el mameluco blanco, los revoques (primero con arena para después pasar a las mezclas), nivelar y colocar cerámicas. Aún hoy, cuando paso por la escuela, le digo a mis hijos: “¡Ese quincho lo hicimos con mi curso!”.
También, sin darme cuenta, me interesaban las materias como Ética, Filosofía y pensar acerca de un mundo abundante de posibilidades para todos.
